Las Medulas
Un hito de la historiografía minera (León - España)
... y allí, donde un día la codicia humana resquebrajó las entrañas de la tierra, hoy se levanta un paisaje casi irreal, desafiante, enigmático y atractivo, en el que los clamores de un silencio secular dibujan en el aire el frenesí de aquellos que esculpieron un territorio preñado de riquezas con las que alimentar la gloria de Roma.
“La tierra es arrastrada por los ríos y las mujeres, después de amasarla, la lavan en tamices tejidos en forma de cesta para extraer el oro”. Así describe el geógrafo griego Posidonio la técnica empleada por las aureanas, buscadoras de oro que poblaban las riberas de los ríos del noroeste de la Península Ibérica en el siglo I antes de Cristo. Testimonios de esta naturaleza y el hallazgo de objetos de época prerromana, elaborados por hábiles orfebres, constituyen el claro exponente de que las tribus astures que habitaban este rincón berciano ya explotaban los yacimientos auríferos antes de la llegada de Roma.
¿Quiénes eran estos antiguos pobladores de la tierra que hoy nos regala tanta belleza? Esta vez se hace necesario citar los textos de Estrabón con narraciones tan interesantes como esta: "Todos los habitantes de las montañas son sobrios, no beben sino agua, duermen en el suelo y llevan los cabellos largos al modo femenino, pero en la guerra se lo sujetan con una cinta o turbante. Al dios Ares sacrifican cabrones, caballos y cautivos. Practican los ejercicios corporales, luchas, carreras y simulacros de batallas en línea.
Son pueblos muy guerreros y de costumbres duras y primitivas debido principalmente a su aislamiento, ya que las vías de comunicación para llegar hasta ellos son prolongadas y penosas..."
No obstante y a pesar de estar considerados pueblos bárbaros, no es menos cierto que los historiadores romanos les dan el rango de pueblo al existir una clara estructura social. Este mismo ordenamiento es el que determina el urbanismo de los poblados, cuyos trazados obedecen a las directrices de la tipología de la Cultura Castreña del Noroeste.
La llegada de Roma
Hacia la mitad del siglo I antes de Cristo todavía quedaba sin romanizar el cuadrante noroccidental de la Península Ibérica, tierras astures de atormentada orografía y climatología extrema, cuyos pobladores eran considerados como enemigos agresivos y violentos.
Las constantes escaramuzas pusieron en contacto a los nuevos inquilinos de Hispania con las tribus más septentrionales, pero no sería hasta el año 29 antes de Cristo cuando iniciará su andadura la maquinaria militar romana de manera intensiva, gracias a la determinación del emperador Augusto por no dejar lagunas sin civilizar en las tierras imperiales y el interés despertado por las riquezas del subsuelo, según desvela el historiador romano Floro “...favorecía este designio la naturaleza del país, pues toda la región contenía en abundancia oro, borax, minio y otros productos”.
Al frente del ejército que subyugó al pueblo astur se encontraba el general Carisio, quien los derrotó primero en la ciudad de Lancia, muy cerca de la actual ciudad de León, para continuar con la que sería la batalla definitiva del Mons Medullius que algunos historiadores sitúan en algún paraje cercano a Las Médulas.
Un país convertido en yacimiento
Así fue como la mano de Roma convirtió un territorio libertario, cuyas entrañas eran un inmenso filón de oro, en parte del Imperio del que extrajo ingentes cantidades del preciado metal.
“Ordenó Augusto explotar el suelo. Así, trabajando penosamente bajo la tierra, los astures comenzaron a conocer sus propias riquezas al buscarlas para otros”, según describió Floro lo ocurrido al finalizar la guerra.
La romanización y la explotación de las minas de oro en régimen de monopolio estatal supusieron, además de la transformación del paisaje, toda una revolución social, económica y tecnológica. Se fundaron notables ciudades como León o Astorga, capital administrativa de las cuencas mineras del noroeste y punto de partida de importantes calzadas por las que se exportaría el oro.
La permanente presencia de un importante contingente militar en la zona, además de garantizar la seguridad, sirvió de apoyo técnico en la construcción de infraestructuras como los canales que traían el agua desde largas distancias. Significó un complejo cambio de las costumbres y una modernización de la forma de vida de los astures.
Este viaje en el tiempo es interesante para entender el contexto y las razones que dieron lugar a Las Médulas, ese tesoro cultural Patrimonio Mundial y único en Europa que el fuego del verano pasado no consiguió destruir.
La Ruina Montium escultora de Las Médulas
“...hechas cuevas por largos espacios, cavan los montes con luces de candiles, y ellas mismas son la medida del trabajo y vigilias, y en muchos casos no se ve el día” “... Y sólo la conoce aquel que es vigilante en la altura del monte. Este, con la voz y golpes, manda a los obreros que de presto se aparten...” “...quebrantado el monte cae por sí mismo, con tan grande estruendo y viento que no puede ser concebido por la mente humana...”.
Así detalla el geógrafo y naturalista romano Plinio el Viejo el procedimiento de extracción de oro en algunos yacimientos del territorio astur, alcanzando su máxima expresión en Las Médulas. Consistía esta técnica en la excavación manual de una compleja red de pozos y galerías en los que, de forma repentina, se soltaban importantes cantidades de agua que, debido a la erosión y al efecto de golpe de ariete, producía el derrumbe de buena parte de la montaña.
Derrumbada la montaña y separadas las rocas, el barro es conducido hasta pequeños estanques que hoy se antojan como bellos rincones como el sugerente lago Somido en las cercanías de Las Médulas o el generoso de Carucedo.
De nuevo, Plinio el Viejo estimó la producción en 20.000 libras, unos 6.540 kilogramos anuales, lo que representó el 7% de los ingresos totales del erario romano.
Así continuaron llegando los lingotes de oro berciano a Roma hasta que en el siglo III de nuestra era se comenzaron a clausurar las minas del noroeste.
Sin discusión posible, el referente universal de la actividad minera romana lo constituye el paraje de Las Médulas. Esta obra gigantesca de la ingeniería romana hoy se presenta como un cuento de hadas del que brotan historias y leyendas de buscadores de oro.
Desde el mirador de Orellán, en el vertiginoso límite de un barranco de cien metros de altura, el espectáculo es de una belleza difícil de describir, mientras que desde el mirador de Pedrizas o de las Medulillas de Yeres se puede apreciar la magnitud de la obra ahora. En el fondo, el gran circo con su suelo tapizado por miles de castaños, muchos de ellos centenarios y sobrevivientes al último incendio, sostiene un ejército de sugerentes picachos rojizos de figuras caprichosas, dando volumen al punto de fuga visual que nos lleva al pueblo de Las Médulas, pequeña y típica aldea berciana de la que parte un recorrido por el fondo del yacimiento siguiendo la circular senda de las Valliñas.
Cerca del mirador de Orellán parte un camino descendiente hasta el pueblo entre castaños centenarios y tierras de labor por el que es fácil abandonarse bajo la estela de los pináculos, testigos de la altura que tenían la montaña antes de la actividad minera. Al final del recorrido es inevitable exclamar un suspiro de admiración al llegar a las bocaminas de La Cuevona y La Cueva Encantada, donde cuenta la leyenda que vive la bruja que cuida del tesoro de la montaña.
Tanto desde el mirador de Orellan como desde el pueblo de Las Médulas siguiendo el Camino Real se puede iniciar un recorrido por la senda perimetral a la explotación que nos lleva hasta el Campo de Braña, a donde llegaban los acueductos y donde se conservan varios tramos de canales. Para los más enérgicos y tras una subida de algo más de novecientos metros, el mirador de Reirigo es un imprescindible por sus maravillosas vistas del yacimiento en todo su esplendor y de los montes Aquilianos que tanta agua aportaron a la extracción de oro.
Sin los canales Las Médulas no existirían
La puesta en escena de toda esta infraestructura requería no pocas inversiones precedentes. El agua, elemento fundamental para el empleo de estas formas de explotación, no siempre estaba al alcance. El mencionado Plinio el Viejo cuenta que “existe otra labor más costosa todavía, y es traer ríos desde las cimas de los montes para lavar este derrumbamiento, a veces desde cien millas de distancia”.
Los romanos realizaron en este territorio una obra hidráulica sin precedentes en todo el Imperio, llegando incluso a realizar el primer trasvase de agua de la historia entre dos cuencas fluviales: la del Duero y la del Sil.
Se construyó una completa red de canales y acueductos que permitieron captar el líquido elemento de los neveros, fuentes y arroyos superando algunas veces cotas cercanas a los dos mil metros de altitud.
Esta misma técnica fue la que permitió captar agua en la cabecera del río Eria, perteneciente a la cuenca del Duero, para entregarla al río Cabo, cuyas aguas son entregadas al Sil, ambos en la comarca de El Bierzo.
En total se construyeron alrededor de mil kilómetros de canales que garantizaban el permanente flujo de las decenas de millones de metros cúbicos necesarias para mantener la actividad minera.
Algunos de los escenarios descritos en este reportaje sufrieron el cruel azote del fuego el pasado verano de 2025, pero el embrujo y el valor cultural de Las Médulas han permanecido inalterados, por lo que algunas fotografías pueden diferir un poco de la realidad actual.
Autor: Revista de Turismo Go Travel
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