El ajuste no significa que los ciudadanos chinos hayan perdido el deseo de conocer otros países. La principal transformación se encuentra en la frecuencia de los desplazamientos. Los viajeros que finalmente deciden salir al extranjero mantienen, en términos generales, presupuestos relativamente sólidos, mientras que otros consumidores prefieren aplazar sus vacaciones internacionales ante un contexto económico que invita a controlar los gastos menos esenciales.
La prolongada crisis del mercado inmobiliario chino y las dudas sobre la evolución económica están detrás de esta mayor cautela. A estos factores se suman las alteraciones que han afectado a determinados trayectos internacionales y que han reducido el atractivo de algunos viajes de larga distancia. Como consecuencia, el turista chino está priorizando cada vez más la relación entre precio, comodidad, seguridad y calidad de la experiencia antes de realizar una reserva.
El volumen previsto para 2026 resulta especialmente significativo al compararlo con 2019. Antes de la pandemia, los viajeros chinos realizaron aproximadamente 175 millones de desplazamientos internacionales, incluidos los efectuados hacia territorios de la denominada Gran China, y generaron alrededor de 255.000 millones de dólares en gasto. El mercado ha recuperado, por tanto, una dimensión considerable, aunque con patrones de consumo diferentes.
La geopolítica también está alterando el mapa turístico asiático. Japón, que durante los últimos años se había convertido en uno de los destinos favoritos, podría registrar una fuerte disminución de visitantes chinos durante 2026. Las tensiones diplomáticas y la reducción de capacidad aérea han perjudicado su posición, mientras que Tailandia también ha perdido parte de su atractivo debido a la preocupación generada por noticias relacionadas con estafas y seguridad.
Este escenario está beneficiando especialmente a destinos próximos. Hong Kong y Macao concentran conjuntamente cerca del 40% del mercado emisor chino previsto para este año. La cercanía geográfica, la facilidad de acceso y unos desplazamientos generalmente menos costosos explican buena parte de esta preferencia. Sin embargo, un elevado número de visitantes no implica necesariamente mayores ingresos turísticos. Hong Kong podría recibir unos 41 millones de viajes durante 2026, aunque el gasto medio estimado ronda los 310 dólares por visitante.
La situación contrasta con la de algunos mercados europeos. Francia, por ejemplo, recibiría alrededor de 2,2 millones de viajes procedentes de China, una cantidad muy inferior, pero asociada a turistas con una capacidad adquisitiva considerablemente mayor. El gasto estimado por visitante alcanza aproximadamente los 7.622 dólares, lo que demuestra la relevancia económica que conserva el segmento de viajeros de larga distancia y alto poder adquisitivo.
Corea del Sur aparece como uno de los principales beneficiados por esta redistribución del turismo chino. El país podría alcanzar los siete millones de visitantes procedentes de China y acercarse a los 13.000 millones de dólares en gasto, impulsado por las compras y por el traslado de parte de la demanda que anteriormente elegía Japón. El desembolso medio se situaría alrededor de los 1.815 dólares por persona.
A pesar de la revisión de las previsiones, el turismo internacional chino mantiene una evolución positiva. El número total de viajes durante 2026 se encontraría aproximadamente un 7% por encima del registrado el año anterior. El gasto medio también permanece prácticamente estable, alrededor de los 1.437 dólares por desplazamiento. Las cifras muestran así una recuperación que continúa avanzando, aunque a menor velocidad y bajo un nuevo modelo: el viajero chino no ha abandonado el mercado internacional, pero ahora selecciona con mayor cuidado cuándo, dónde y cuánto merece la pena gastar.