La preocupación del sector se centra especialmente en el equilibrio entre las obligaciones regulatorias y la realidad de la oferta. Las aerolíneas alertan de que la producción actual de combustibles sostenibles continúa siendo limitada y que existe una importante diferencia entre la cantidad disponible y las necesidades que generarán las cuotas obligatorias fijadas por Bruselas para los próximos años. Esta situación, según advierten, podría provocar tensiones en el suministro, un aumento continuado de los costes operativos y dificultades para cumplir los objetivos establecidos.
Los responsables de las principales compañías europeas consideran que el problema no reside en la voluntad de avanzar hacia un modelo más sostenible, sino en la velocidad con la que se pretende implantar una transformación que depende de inversiones industriales todavía insuficientes. A su juicio, resulta imprescindible acelerar el desarrollo de nuevas plantas de producción, incentivar la inversión privada y garantizar un suministro estable antes de imponer obligaciones cada vez más exigentes a las aerolíneas.
Otro de los argumentos defendidos por el sector hace referencia a la competitividad internacional. Las compañías europeas sostienen que la aplicación de requisitos medioambientales más estrictos que los existentes en otras regiones del mundo puede generar una desventaja competitiva frente a operadores de terceros países que no están sometidos a las mismas obligaciones. Esta situación podría alterar las condiciones de competencia en determinadas rutas internacionales y afectar tanto a las compañías como a los grandes aeropuertos europeos.
Las aerolíneas también advierten del impacto económico que puede tener la evolución del mercado de combustibles sostenibles sobre los viajeros. El SAF continúa siendo considerablemente más caro que el queroseno convencional, por lo que el incremento obligatorio de su utilización podría traducirse en un aumento progresivo de los costes de explotación. Aunque las compañías continúan aplicando medidas para mejorar la eficiencia operativa y reducir el consumo de combustible, reconocen que parte de esos mayores costes podrían terminar repercutiendo en el precio final de los billetes.
El debate adquiere una relevancia especial en un momento en el que el transporte aéreo europeo continúa consolidando la recuperación de la demanda tras varios años marcados por importantes desafíos para la industria. El fuerte crecimiento del turismo internacional y el incremento del tráfico de pasajeros han permitido recuperar gran parte de la actividad previa a la pandemia, pero las compañías afrontan ahora un escenario caracterizado por mayores exigencias regulatorias, elevados costes operativos y la necesidad de realizar cuantiosas inversiones para acelerar su proceso de descarbonización.
Las organizaciones representativas del sector insisten en que la industria aérea ha realizado importantes avances en materia de sostenibilidad mediante la incorporación de aeronaves más eficientes, la optimización de las operaciones de vuelo, la digitalización de procesos y el desarrollo de nuevas tecnologías. No obstante, recuerdan que el combustible sostenible representa actualmente la herramienta con mayor capacidad para reducir las emisiones de carbono en la aviación comercial a corto y medio plazo, siempre que exista una producción suficiente y económicamente viable.
Ante este escenario, las aerolíneas solicitan a las instituciones europeas un enfoque más flexible que permita acompasar las obligaciones regulatorias con la evolución real del mercado. Entre las propuestas planteadas figuran el impulso de incentivos para aumentar la producción de SAF, el apoyo financiero a nuevos proyectos industriales y la adopción de mecanismos que contribuyan a reducir la diferencia de precio respecto a los combustibles convencionales.
El sector considera que la transición hacia una aviación más sostenible solo será posible mediante una estrecha colaboración entre administraciones públicas, productores energéticos, fabricantes aeronáuticos, aeropuertos y compañías aéreas. La industria mantiene su compromiso con los objetivos climáticos europeos, pero insiste en que alcanzar una descarbonización efectiva exige combinar ambición medioambiental, capacidad industrial y sostenibilidad económica para garantizar que el transporte aéreo continúe siendo accesible, competitivo y preparado para afrontar los desafíos de las próximas décadas.