El Secretario General de la OMT, Zurab Pololikashvili, elogió tanto el liderazgo de Sudáfrica como el firme compromiso de los países miembros para articular políticas que sitúen al turismo dentro de las agendas nacionales de desarrollo. En su valoración, destacó que la Declaración del G20 representa “una señal clara” de que el turismo ya no es una actividad periférica, sino “una palanca esencial” para el progreso social y económico. Asimismo, puntualizó que este reconocimiento abre nuevas oportunidades para cubrir vacíos persistentes como la conectividad aérea entre destinos, la digitalización de las pequeñas y medianas empresas del sector, y el acceso al financiamiento para inversiones sostenibles.
Entre los principales ejes del acuerdo suscrito en Sudáfrica figuran la promoción de la innovación, la digitalización de las mipymes turísticas, la mejora de la conectividad aérea internacional y la creación de mecanismos financieros que incentiven inversiones con impacto sostenible. La Declaración señala la necesidad de “desbloquear” capital público y privado hacia infraestructuras turísticas resilientes, de respaldar la creación de nuevas rutas aéreas y mercados, y de garantizar que las comunidades locales, las mujeres, los jóvenes y los pueblos indígenas participen de los beneficios del turismo.
La OMT subraya que estas decisiones llegan en un momento crucial: el turismo representa en los países del G20 cerca del 3,1 % del PIB total, alrededor del 5 % de todas las exportaciones y aproximadamente el 21 % de las exportaciones de servicios. Esa magnitud económica exige que las políticas y estrategias del sector sean coherentes, efectivas y alineadas con los objetivos de desarrollo sostenible.
La Presidencia de Sudáfrica del G20 ha sido reconocida expresamente por su papel de impulso, al haber situado el turismo como tema prioritario y al haber involucrado a la OMT como “Knowledge Partner” (socio de conocimiento) del Grupo de Trabajo sobre Turismo, asegurando así que las discusiones técnicas y ministeriales incluyeran de modo sustantivo la perspectiva del sector. Esta colaboración técnica ha permitido fijar un rumbo más claro para que el turismo contribuya al desarrollo inclusivo, especialmente en regiones menos conectadas o con mayores retos de infraestructura.
El agradecimiento de la OMT también refleja una apuesta decidida por conectar el turismo con los grandes desafíos globales: la recuperación económica pospandemia, la lucha contra la desigualdad, la transformación digital y la sostenibilidad ambiental. Al integrar al turismo en las estrategias nacionales de desarrollo y al otorgarle un espacio en el foro G20, se abre una ventana de oportunidad para que los países orienten inversiones, regulaciones y alianzas que permitan maximizar su potencial. Además, la declaración pone el acento en que el crecimiento turístico sea inclusivo, de modo que no solo beneficie a los destinos más consolidados, sino también a las comunidades marginadas y a las economías emergentes.
Para la industria turística mundial, este respaldo significa un cambio de estatus: dejar de ser vista únicamente como un servicio de ocio o un sector fragmentado, para pasar a constituir un componente estratégico de las economías nacionales. Ello implica que las empresas turísticas, los gobiernos y los organismos internacionales deberán alinearse con marcos de gobernanza más sólidos, adoptar modelos de desarrollo turístico que sean resilientes frente a crisis y al mismo tiempo más equitativos con la sociedad. De manera concreta, el sector deberá aprovechar la mayor visibilidad política para atraer inversiones, adoptar tecnologías emergentes, profesionalizar sus recursos humanos y consolidar cadenas de valor más integradas y sostenibles.
La OMT celebra que los líderes del G20 y la Presidencia sudafricana hayan dado un paso decisivo hacia la integración del turismo en la agenda global de desarrollo y sostenibilidad. Este reconocimiento, además de simbólico, tiene efectos prácticos: abre puertas para nuevas rutas aéreas, para inversiones y para iniciativas que conecten mejor regiones, comunidades y empresas, y para asegurar que el turismo contribuya de forma más efectiva al bienestar social, económico y ambiental. La apuesta es clara: que el turismo deje de ser una excepción en la economía global y se convierta en un aliado clave del desarrollo compartido.