Para hacer frente al volumen estimado de solicitudes, el Departamento de Estado de los Estados Unidos ha desplegado más de 400 nuevos agentes consulares alrededor del mundo, duplicando incluso el personal en mercados considerados estratégicos. Este refuerzo institucional se suma a un contexto político delicado en materia migratoria, donde desde mediados de 2025 la Administración estadounidense ha impuesto restricciones de entrada a ciudadanos de ciertas regiones de África y Oriente Medio, aduciendo motivos de seguridad nacional. Aunque las selecciones participantes no se verán afectadas, ya se han registrado demoras en visados para delegaciones deportivas, generando inquietud en la comunidad internacional.
La dimensión económica y de promoción que representa el Mundial 2026 es igualmente relevante. Las proyecciones estiman un impacto superior a 5.000 millones de dólares en la economía estadounidense, beneficiando a sectores como el hotelero, aerolíneas, restaurantes y comercio local en las ciudades sedes. Ciudades como Atlanta, Miami, Nueva York, Dallas y Los Ángeles se preparan para una de las oleadas de visitantes más importantes de su historia. Para los aficionados procedentes de Europa, América Latina o Asia, el servicio FIFA Pass representa una oportunidad decisiva para reducir plazos de tramitación que, en algunos países, pueden superar los seis meses.
Más allá de la logística migratoria, el programa encarna una estrategia de imagen por parte de Estados Unidos: proyectarse como un país abierto y hospitalario ante un gran evento global. Si el sistema cumple como está previsto, podría convertirse en modelo para futuros mega-eventos deportivos. En cambio, un mal funcionamiento podría afectar la reputación internacional tanto del Mundial como del país anfitrión.
Con las entradas batiendo récords de venta y el sorteo oficial programado para diciembre de 2025, la cuenta atrás está ya en marcha. La agilización de visados aparece como pieza clave para garantizar que los estadios del continente norteamericano se llenen con la pasión y soporte de millones de aficionados del mundo entero.
El FIFA Pass consolida una nueva vía de adecuación institucional para responder a demandas crecientes de movilidad internacional en contextos de gran magnitud. Para quienes sueñan con viajar al Mundial, representa una ventana de aceleración, pero no elimina las obligaciones que conlleva un viaje a Estados Unidos. La iniciativa coloca el foco en una doble meta: garantizar la fluidez del acceso de los fans y proteger los estándares de seguridad consular. Si la fórmula brinda los resultados esperados, no solo se habrá dado un paso hacia un Mundial con mayor asistencia internacional, sino también hacia una forma más eficiente de gestionar grandes flujos turísticos y deportivos en un mundo cada vez más globalizado.