Entre las claves del nuevo enfoque figuran la digitalización de visados y autorizaciones de viaje, la adopción de identidades digitales y tecnologías biométricas, procesos más ágiles de pre-check para reducir congestiones, y un mayor intercambio de datos seguro entre agencias de turismo, seguridad y finanzas. Todo ello atado a un compromiso conjunto público-privado para garantizar que la seguridad no esté reñida con la fluidez del tránsito internacional.
Según el informe, el sector de viajes y turismo podría aportar 16,5 billones de dólares al PIB mundial para 2035, y representar más del 12 % del empleo global, lo que refuerza la relevancia que una frontera ágil y moderna puede tener en la economía internacional.
Pero los beneficios no son solo macroeconómicos: modernizar las fronteras tiene un impacto directo en la experiencia del viajero y en la competitividad de destinos y empresas turísticas. Al simplificar trámites, reducir tiempos de espera y garantizar procesos seguros, se favorece un turismo más fluido, confiable y atractivo para quienes viajan por placer, negocios o cualquier tipo de movilidad internacional. En ese contexto, las fronteras se revalorizan como infraestructura clave, ya no como un cuello de botella.
El informe convoca a los gobiernos a repensar sus políticas migratorias y aduaneras, pondiendo en el centro la cooperación institucional, la interoperabilidad tecnológica y la simplificación regulatoria. La adopción de soluciones digitales y biométricas, así como una gestión coordinada de viajeros, permitiría impulsar la recuperación y expansión del turismo global, generando no solo ingresos, sino empleos de calidad y dinamismo económico en múltiples regiones.
Para los países que dependen del turismo —incluyendo muchos de América Latina, Europa y Asia—, este cambio de paradigma supone una oportunidad histórica. La posibilidad de convertir fronteras en motores de crecimiento invita a reconsiderar estrategias de promoción, desarrollo de destinos, conectividad y políticas de turismo nacional e internacional. Un turismo sin fricciones, respaldado por tecnología y colaboración, no solo resulta más competitivo, sino también más inclusivo, accesible y sostenible.
En definitiva, el WTTC sostiene que el futuro del turismo global pasa por liberar el potencial que existe en las fronteras: no como muros que limitan, sino como puentes capaces de conectar personas, destinos y economías. Si los gobiernos apuestan por modernizar sus controles con inteligencia, adaptabilidad y visión estratégica, las fronteras dejarán de ser sinónimo de trabas para convertirse en palancas de desarrollo —una transformación vital para que el turismo siga creciendo y evolucionando en beneficio de las sociedades y de la economía mundial.