Una de las iniciativas más visibles es el lanzamiento de un tablero de control internacional, en colaboración con la Organización Mundial del Turismo (OMT), que reúne buenas prácticas, estudios de caso y datos sobre turismo sostenible. De este modo, el G20 quiere fomentar un ecosistema donde los gobiernos, el sector privado y las comunidades locales trabajen en sinergia para que el turismo sea motor de transformación integral. En palabras de responsables del sector: el turismo, cuando se gestiona de forma colaborativa y sostenible, refuerza la economía, crea empleo e impulsa el entendimiento entre culturas.
Otro aspecto clave es el reconocimiento de que el turismo no puede volver a la lógica puramente cuantitativa de cifras de visitantes sin discriminación. El G20 y diversos gobiernos han subrayado la necesidad de aumentar la calidad del turismo —a través de destinos bien gestionados, digitalizados e inclusivos— y reducir su impacto negativo sobre los ecosistemas y las comunidades receptoras. Este viraje hacia una “nueva era del turismo” conecta directamente con la agenda de resiliencia, equidad y sostenibilidad global.
En este contexto, los responsables de turismo de los países del G20 han destacado varios retos: fortalecer la conectividad (incluyendo la simplificación de visados y digitalización de fronteras), movilizar inversiones hacia infraestructura turística sostenible, formar talento y dar acceso a las MIPYMES, y diseñar destinos que integren comunidad, cultura y naturaleza de manera equilibrada. Por ejemplo, durante la reunión ministerial del G20 celebrada en Goa, India, se resaltó que “terrorismo divide pero turismo une”, subrayando el papel unificador del turismo como actividad humana.
Hacia el futuro, la hoja de ruta del G20 plantea que los países miembros y sus cadenas de valor turísticas adopten las prioridades acordadas e impulsen reformas estructurales, desde marcos regulatorios adaptados hasta capacidades digitales y de gobernanza, que permitan que el turismo contribuya de forma significativa a los ODS para 2030. Esto convierte al sector no sólo en generador de bienestar económico, sino en vector de inclusión social, preservación cultural y ambiental, y desarrollo territorial equilibrado.
Para países emisores y receptores, la agenda del G20 ofrece una guía estratégica: orientarse hacia un turismo que favorezca la diversificación del mercado, la desestacionalización, la participación activa de las comunidades locales, y la protección del capital natural y cultural. En definitiva, la integración del turismo con políticas de sostenibilidad, digitalización y competitividad empresarial es ya una realidad en las deliberaciones internacionales.
El turismo se erige en el epicentro de una transformación global que va más allá del ocio y los viajes. Bajo el paraguas del G20, esta industria asume responsabilidades de crecimiento inteligente, inclusivo y ecológico. Si gobiernos, empresas y comunidades trabajan alineados, el turismo puede ser no sólo un catalizador económico, sino un auténtico instrumento de progreso para personas, destinos y el planeta.