El segmento luxury se ha convertido en uno de los motores más dinámicos del turismo italiano. Solo el turismo de lujo ligado a hoteles cinco estrellas y cinco estrellas gran lujo generó más de 9.000 millones de euros de gasto directo en 2024, con 4,5 millones de llegadas y cerca de 13 millones de pernoctaciones, lo que equivale a casi el 17 % de la facturación total de la hotelería del país. A ello se suma el elevado impacto indirecto derivado de las compras, la restauración, los servicios personalizados y la organización de eventos exclusivos, que multiplican el valor añadido del sector.
Los viajeros de alta gama encuentran en Italia una propuesta completa que va mucho más allá del alojamiento. El país ha desarrollado una red de hoteles boutique, resorts de bienestar, villas privadas, yates, experiencias en viñedos, recorridos en súper deportivos, rutas de joyería y alta moda, así como itinerarios culturales y religiosos a medida. Esto se traduce en estancias más largas, un nivel de gasto muy superior a la media y una fuerte fidelidad al destino, ya que muchos visitantes regresan cada año para descubrir nuevas regiones o repetir experiencias que quedaron grabadas en su memoria.
El posicionamiento de Italia en el ámbito del lujo se ve reforzado por el dinamismo de ciudades icónicas como Roma, Milán, Florencia o Venecia, que han sabido modernizar su oferta sin perder autenticidad. En paralelo, regiones como Lombardía, Lazio, Véneto y Toscana concentran buena parte del gasto turístico extranjero, impulsadas por el auge del shopping de alta gama, el turismo gastronómico y los eventos internacionales. Este mapa se completa con destinos costeros de gran prestigio, como la Costa Amalfitana, la Riviera Ligur, Cerdeña o Sicilia, que combinan paisajes espectaculares con servicios exclusivos.
El turismo de lujo también juega un papel estratégico en la proyección internacional de la “marca Italia”. Estos viajeros actúan como embajadores espontáneos: comparten sus experiencias en redes sociales, recomiendan el destino en círculos de alto poder adquisitivo e influyen en tendencias globales de consumo. Diversos estudios estiman que los turistas de lujo en Italia gastan hasta nueve veces más que el viajero medio, concentrando alrededor del 25 % del gasto total de los visitantes pese a representar un porcentaje muy reducido del volumen global de llegadas.
De cara a los próximos años, el país se ha propuesto consolidar y diversificar aún más este liderazgo. La estrategia pasa por impulsar inversiones en propiedades de alta gama, mejorar la conectividad aérea con mercados de larga distancia, fomentar la sostenibilidad como valor añadido del lujo y promover productos emergentes, como el turismo de bienestar, el turismo de bodas y el turismo ligado a la moda y al diseño. Al mismo tiempo, se refuerza la formación del personal y la profesionalización del servicio, factores clave para mantener los estándares que exigen los viajeros de este segmento.
El contexto internacional, con una demanda creciente de experiencias únicas, auténticas y personalizadas, juega claramente a favor de Italia. La combinación de historia viva, estilo de vida mediterráneo, creatividad contemporánea y excelencia en el servicio convierte al país en un destino difícil de igualar. En este escenario, el turismo de lujo no solo genera ingresos y empleo, sino que contribuye a preservar oficios tradicionales, revitalizar centros históricos, apoyar a la artesanía local y consolidar un modelo de desarrollo turístico basado en el valor más que en el volumen.
Italia se presenta así, no solo como líder mundial del turismo de lujo en términos de cifras, sino como un laboratorio de tendencias y un referente para la industria global. Su reto ahora es seguir innovando sin traicionar la esencia que la hizo grande: la capacidad de ofrecer, en cada estancia, una mezcla irrepetible de belleza, cultura, sabor y elegancia que convierte cada viaje en una experiencia verdaderamente excepcional.