Este aumento no ha sido fruto de una decisión aislada: se basa en un decreto estatal italiano que permite a los municipios que se encuentran cerca de las sedes olímpicas —en las regiones de Lombardía y Véneto— incrementar su tasa turística hasta en 5 euros por noche. En Milán, la subida contempla tanto esta autorización como ello mismo sumado a la visión estratégica de aprovechar el momento olímpico para reforzar los recursos municipales.
Según la propia administración municipal, la mitad de lo recaudado se destinará a las finalidades habituales de la tasa turística, como la promoción de la ciudad y la conservación del patrimonio cultural y medioambiental. La otra mitad irá directamente a financiar proyectos vinculados a los Juegos Olímpicos, que incluyen mejoras de infraestructuras, servicios de transporte y la adaptación de instalaciones para dar acogida al evento.
El sector hotelero y turístico de Milán ya ha manifestado su desacuerdo con la medida. Las asociaciones de alojamiento consideran que una subida de este calibre en un momento en que la recuperación del turismo internacional aún se encuentra en fase de consolidación puede resultar inoportuna. Alertan de que el aumento del coste para el visitante podría afectar la competitividad de la ciudad frente a otros destinos europeos y poner en riesgo segmentos clave como el turismo de negocios, donde la sensibilidad al precio es alta.
Los representantes de la industria subrayan que el impacto de esta subida podría prolongarse más allá del periodo olímpico y acabar repercutiendo negativamente en la oferta de eventos, congresos y ferias en Milán. La ciudad, conocida por su dinamismo en encuentros empresariales, estilo de vida y diseño, tendrá que calibrar con mucho cuidado cómo gestiona esta nueva carga turística para no perder atractivo frente a rivales europeos más asequibles.
Por su parte, desde la administración municipal se defiende que esta decisión también supone un esfuerzo de solidaridad hacia el territorio: los Juegos Olímpicos representan una oportunidad única de visibilidad internacional, de desarrollo de infraestructuras de transporte y de posicionamiento global para Milán y la región de Lombardía. En ese sentido, la medida se enmarca como una contribución del visitante al esfuerzo colectivo de la ciudad por acoger un evento de ámbito mundial con estándares elevados. Además, se espera que la afluencia de visitantes, ya al alza por el tirón olímpico —las reservas aéreas para la región han registrado un aumento destacado—, contribuya a amortiguar la subida en el coste de la estancia.
Queda por ver cómo reaccionarán los viajeros —especialmente los de turismo de fin de semana o de escapada— y qué efectos concretos tendrá esta decisión en la tasa de ocupación hotelera en 2026. En los próximos meses será determinante que el sector turístico milanés trabaje en su comunicación y en el reforzamiento del valor añadido que ofrecerá la ciudad como destino, para que los visitantes perciban que el nuevo coste se traduce en mejoras reales del entorno urbano y turístico. En definitiva, Milán ha apostado por una estrategia de incremento de la tasa turística alineada con su gran horizonte olímpico. Pero el éxito de la medida dependerá de su capacidad para equilibrar las exigencias del evento, las expectativas del visitante y la competitividad de la ciudad en un mercado europeo del turismo cada vez más dinámico.