Uno de los cambios más relevantes del nuevo régimen de controles es la eliminación de las excepciones de edad que antes limitaban la recolección de datos biométricos a ciertos grupos. Anteriormente, menores de 14 años y adultos mayores de 79 estaban exentos de estos procedimientos; sin embargo, con la modificación vigente desde finales de diciembre, viajeros de todas las edades pueden ser sujetos a los escaneos biométricos de manera sistemática. Según las autoridades estadounidenses, este ajuste tiene como objetivo cerrar lagunas en la identificación y garantizar una supervisión uniforme en todos los puntos de entrada y salida del país.
El gobierno federal ha defendido la ampliación de estos controles como una medida destinada a agilizar la aplicación de la normativa migratoria y desalentar prácticas consideradas abusivas del sistema de inmigración. Desde la Oficina Ejecutiva de Revisión de Inmigración hasta los altos mandos del DHS, las declaraciones oficiales enfatizan que estos procedimientos contribuyen a una verificación más estricta de los antecedentes de los viajeros y a la prevención de solicitudes de ingreso infundadas. Las autoridades han asegurado que, en términos generales, la toma de datos biométricos adicionales se enfocará en personas que se encuentran en procesos administrativos migratorios, especialmente aquellas con casos abiertos ante tribunales de inmigración.
Este refuerzo de las inspecciones se inscribe en un contexto más amplio de cambios en las políticas de viajes y regulación migratoria de Estados Unidos. En paralelo a la expansión de la toma de datos biométricos, el gobierno ha incrementado el costo de autorizaciones electrónicas de viaje como el ESTA para ciudadanos de países bajo el Programa de Exención de Visa, y ha incorporado nuevas restricciones aplicables desde principios de 2026 que afectan a viajeros de varios países. Además, se evalúan propuestas que exigirían a los solicitantes del ESTA un nivel más detallado de información personal previa al viaje, como historiales de redes sociales, números telefónicos y direcciones de correo electrónico, en un intento de intensificar la verificación de antecedentes antes de que los viajeros aborden vuelos con destino a Estados Unidos.
La implementación de inspecciones más exhaustivas también se extiende al ámbito digital. Funcionarios fronterizos tienen autorización para aumentar las revisiones de dispositivos electrónicos como teléfonos móviles y computadoras portátiles para analizar información contenida en ellos, como parte de la evaluación de riesgos y cumplimiento de las leyes migratorias. Dado que estas inspecciones pueden requerir un escrutinio detallado de los datos almacenados, las autoridades han emitido recomendaciones para que los turistas y profesionales que viajan al país tomen medidas preventivas sobre la protección de sus datos personales antes de emprender su viaje.
Si bien las medidas son presentadas por las autoridades como herramientas esenciales para garantizar la seguridad y la integridad del sistema migratorio, diversas organizaciones y defensores de los derechos civiles han planteado inquietudes sobre el alcance de la recopilación de datos y el impacto que estas prácticas pueden tener sobre la privacidad de los viajeros. En particular, la ampliación de la toma de huellas y el posible uso prolongado de imágenes y otros datos biométricos en bases de datos gubernamentales han sido objeto de debate internacional en torno a la protección de los derechos individuales frente a los intereses de seguridad nacional.
Los aeropuertos de Estados Unidos han adoptado un enfoque más riguroso en los controles migratorios, con mayor uso de tecnologías biométricas y ampliación de las facultades de inspección, lo cual exige a los viajeros y ciudadanos extranjeros una preparación más cuidadosa y una comprensión más profunda de las normas vigentes antes de planificar su visita o tránsito por el país.