Este deterioro del turismo internacional responde a múltiples causas, tanto internas como externas. Por un lado, la apreciación del peso argentino frente a otras divisas ha encarecido el país para los turistas extranjeros, reduciendo su competitividad frente a otros destinos regionales. Los costos más altos en servicios turísticos y alojamiento, junto con limitaciones en infraestructura y una oferta que no siempre responde a las expectativas de determinados segmentos, han contribuido a alejar a potenciales visitantes.
Los mercados emisores que tradicionalmente han aportado mayor cantidad de visitantes regionales, especialmente Brasil, han resentido notablemente esta caída, afectando a destinos urbanos y también a atractivos naturales y culturales. Mientras tanto, algunos segmentos de turismo de mayor poder adquisitivo, especialmente desde Europa y Estados Unidos, han mostrado cierta estabilidad o crecimiento estacional, aunque estos no compensan la pérdida general en términos de volumen y gasto.
Las repercusiones de esta caída son palpables en las economías locales que dependen del flujo turístico. Hoteles, restaurantes, operadores turísticos, servicios recreativos y comercios vinculados al turismo experimentan niveles de ocupación y facturación por debajo de lo esperado, con descensos que superan el 30 por ciento en algunos casos. Esta situación afecta directamente el empleo en sectores intensivos en mano de obra, exacerbando los desafíos de un mercado laboral ya tensionado por la coyuntura macroeconómica.
Los analistas del sector también han señalado que este contexto obliga a repensar la estrategia turística del país. La reducción de la llegada de turistas internacionales coincide con una creciente demanda de los argentinos por viajar fuera del país, un fenómeno que no solo contribuye al déficit de la balanza turística, sino que también representa una fuga de divisas significativa. En varios periodos del año 2025, el número de argentinos que viajaron al exterior superó con creces a los visitantes que ingresaron al país, generando un desequilibrio persistente.
Frente a este escenario, el Gobierno y los actores privados del sector están en la búsqueda de soluciones que permitan revertir la tendencia negativa. Entre las alternativas en discusión figuran incentivos fiscales para operadores, políticas de promoción internacional más agresivas, acuerdos con mercados emisores estratégicos, y mejoras en infraestructura y conectividad aérea que faciliten el acceso de turistas extranjeros. Asimismo, adaptarse a las nuevas preferencias de los viajeros, potenciando segmentos como naturaleza, turismo sostenible y experiencias culturales, es señalado como una vía para diversificar la oferta y atraer nuevos perfiles de visitantes.
Sin embargo, revertir la caída del turismo extranjero no será un proceso inmediato. Además de las medidas sectoriales, expertos advierten que se requiere un entorno macroeconómico estable que dé previsibilidad a los inversores y confianza a los viajeros internacionales. La recuperación del sector turístico suele estar asociada a factores como estabilidad cambiaria, competitividad de precios y percepción de seguridad, elementos que Argentina deberá abordar de manera coordinada para consolidar una recuperación sostenible.
La caída del turismo internacional no solo agrava la crisis del sector, sino que también evidencia la necesidad de políticas integrales que fortalezcan la competitividad del país como destino turístico. El proceso de reactivación implica desafíos de corto y largo plazo, y su éxito dependerá de la capacidad de los distintos actores para adoptar estrategias innovadoras y sostenibles que respondan a las dinámicas cambiantes del turismo global.