Kanazawa, en Ishikawa, es el principal icono urbano de Hokuriku y una puerta de entrada ideal. A menudo comparada con una “pequeña Kioto” por la preservación de su herencia del periodo Edo, la ciudad conserva barrios históricos como Higashi Chaya, donde sobreviven casas de té tradicionales y una atmósfera que invita a caminar sin prisa. Kenrokuen, considerado uno de los tres grandes jardines de Japón, sintetiza el refinamiento estético japonés con una precisión que cambia de rostro en cada estación: floraciones delicadas, follajes intensos, paisajes nevados o estanques que reflejan la luz de forma casi teatral. Kanazawa también destaca por su tradición artesanal, especialmente en trabajos de pan de oro, lacados y artes decorativas que continúan produciéndose con técnicas heredadas, al tiempo que conviven con propuestas de diseño contemporáneo y museos que subrayan la modernidad cultural de la ciudad.
Toyama, por su parte, aporta el contrapunto natural. Enmarcada por el macizo de Tateyama y por las aguas ricas de la bahía de Toyama, esta prefectura se asocia a grandes panorámicas y experiencias al aire libre. La ruta alpina Tateyama Kurobe Alpine Route atraviesa pasos de montaña, gargantas y miradores mediante una combinación de teleféricos, funiculares y recorridos escénicos que permiten comprender la magnitud del relieve japonés en su versión más dramática. En paralelo, la identidad local se expresa con fuerza en la cocina: mariscos y pescados valorados por su frescura, especialidades regionales y una relación íntima entre el territorio y el plato. Para muchos viajeros, Toyama se convierte en el lugar donde Japón se siente físicamente, a través del aire frío de montaña, el horizonte costero y la calidad del producto marino.
Fukui añade una dimensión singular al itinerario, combinando espiritualidad, naturaleza y divulgación científica. El Museo de Dinosaurios de Fukui, reconocido como uno de los más destacados del país en su especialidad, atrae tanto a familias como a aficionados a la paleontología gracias a su colección y enfoque educativo. Al mismo tiempo, la prefectura ofrece espacios de contemplación vinculados al budismo zen, con templos y retiros que invitan a experimentar la práctica meditativa en entornos apartados. Eihei-ji, uno de los centros zen más relevantes, proyecta una presencia sobria y poderosa, y representa para muchos visitantes la posibilidad de aproximarse a una faceta de Japón menos turística, más introspectiva y coherente con la idea de viaje como aprendizaje.
Más allá de las capitales y grandes atractivos, Hokuriku guarda tesoros culturales en sus pueblos y tradiciones. En áreas como Gokayama se encuentran aldeas con casas gasshō-zukuri, reconocibles por sus techos de paja de fuerte inclinación diseñados para resistir nevadas intensas. La arquitectura, el ritmo comunitario y los oficios asociados a la vida local refuerzan la sensación de estar ante un patrimonio vivo, no museificado. La región, además, ofrece un calendario estacional muy marcado: inviernos de nieve, primaveras de floración, veranos festivos y otoños de colores profundos, lo que multiplica las razones para visitarla en distintos momentos del año.
En conjunto, Hokuriku se presenta como una invitación a descubrir un Japón de texturas más finas y relatos más personales. Entre jardines históricos, montañas majestuosas, cocina de proximidad y espiritualidad silenciosa, la región propone un viaje completo, equilibrado y plenamente contemporáneo, ideal para quienes buscan belleza sin masificación y cultura sin artificio.