En este contexto, los hoteles de lujo y los establecimientos de alta gama adquieren un papel estratégico. España ha experimentado una expansión significativa de su planta hotelera premium, tanto en grandes ciudades como en destinos vacacionales consolidados y en enclaves emergentes. Este crecimiento no responde únicamente a la demanda internacional, sino también a un mercado nacional que muestra una mayor disposición a invertir en alojamientos de mayor categoría cuando estos se integran en una experiencia global coherente, que combine confort, diseño, gastronomía, bienestar y contacto con el entorno. El alojamiento deja de ser un elemento aislado para convertirse en un eje vertebrador de la experiencia turística.
El informe también subraya la importancia de la estacionalidad como uno de los grandes retos y oportunidades del turismo español. El incremento del gasto en experiencias y la búsqueda de propuestas más personalizadas están favoreciendo la desestacionalización, impulsando viajes fuera de los meses tradicionalmente asociados a la temporada alta. Ciudades medias, zonas rurales y destinos de interior están captando una mayor atención por parte de viajeros interesados en escapar de la saturación y descubrir nuevos relatos turísticos vinculados al patrimonio, la gastronomía local y la naturaleza. Esta redistribución de flujos contribuye a un desarrollo más equilibrado del territorio y a una mayor resiliencia del sector.
Otro factor determinante es la creciente digitalización del consumo turístico. Los sistemas de pago digitales, el uso de datos para anticipar comportamientos y la integración de soluciones tecnológicas en toda la cadena de valor permiten a empresas y destinos adaptarse con mayor rapidez a las expectativas del viajero contemporáneo. El análisis de Mastercard destaca cómo el conocimiento de los patrones de gasto facilita la creación de productos más ajustados a la demanda real, optimizando la inversión y mejorando la experiencia del visitante. La tecnología se consolida así como un aliado clave para la toma de decisiones estratégicas en el sector.
El turismo gastronómico emerge igualmente como uno de los grandes motores de crecimiento. España refuerza su imagen internacional como destino culinario de primer nivel, donde la alta cocina convive con propuestas tradicionales reinterpretadas y con experiencias en torno al producto local, el vino y los mercados. El gasto asociado a la restauración y a las actividades gastronómicas no solo impulsa la economía turística, sino que fortalece el tejido productivo local y la proyección de la marca país en el exterior. Esta tendencia se alinea con la demanda de autenticidad y con el interés por conocer el territorio a través de sus sabores.
Desde una perspectiva económica, el aumento del gasto turístico tiene un impacto directo en el empleo y en la calidad del mismo. La necesidad de profesionales especializados en gestión hotelera, atención personalizada, experiencias culturales y servicios premium impulsa la creación de puestos de trabajo más cualificados y con mayor valor añadido. Este fenómeno contribuye a mejorar la percepción social del turismo como un sector estratégico, innovador y capaz de generar oportunidades sostenibles a largo plazo.
De cara a 2026, el turismo español se enfrenta al desafío de consolidar este crecimiento cualitativo sin perder competitividad ni autenticidad. La apuesta por el lujo experiencial, la innovación y la sostenibilidad se perfila como la vía más eficaz para mantener el liderazgo internacional en un mercado cada vez más exigente y diverso. España avanza así hacia un modelo turístico más maduro, en el que el gasto, la experiencia y la calidad se convierten en los verdaderos motores del desarrollo, reforzando su posición como uno de los destinos más completos y atractivos del panorama global.