Por su parte, Egipto experimentó un crecimiento aún más pronunciado con un aumento del 21 % en el número de turistas, alcanzando cerca de 19 millones de visitantes durante 2025, según cifras oficiales. Este crecimiento significativo en la demanda turística egipcia está vinculado tanto al atractivo histórico y cultural del país como a las nuevas propuestas turísticas, entre ellas la inauguración de grandes proyectos culturales y museísticos. Un ejemplo emblemático es el emblemático Gran Museo Egipcio cerca de las pirámides de Giza, inaugurado recientemente tras décadas de construcción y concebido como un catalizador para atraer visitantes culturales de alto poder adquisitivo.
El dinamismo del turismo en estos dos países refleja también un contexto más amplio de recuperación de la industria en África, donde el norte del continente se ha consolidado como un polo de atracción constante para viajeros internacionales. La suma de elementos culturales, históricos, deportivos y de entretenimiento ha permitido diversificar la oferta turística, haciendo que Marruecos y Egipto no solo compitan entre sí, sino que también proyecten al continente como un destino global de relevancia.
La expansión de Marruecos como centro turístico incluye un enfoque proactivo en la modernización de infraestructura y en la mejora de experiencias en diversas regiones del país. La diversificación de productos, desde las ciudades imperiales y la vida urbana de Casablanca y Marrakech hasta las zonas de sol y playa en Agadir, ha permitido atraer un amplio espectro de viajeros, incluyendo mercados emergentes de Asia y las Américas. Además, el calendario de eventos internacionales, como el éxito de competiciones deportivas continentales, ha añadido un valor adicional al posicionamiento del país en circuitos de viaje globales.
Egipto, por su parte, ha consolidado su atractivo con una combinación de turismo arqueológico, cruceros por el Nilo y escapadas a los balnearios del mar Rojo. El sector se ha visto respaldado también por políticas públicas que buscan impulsar la competitividad del país en mercados emisores tradicionales y emergentes, así como incentivos para mejorar la infraestructura hotelera y aeroportuaria. Además, la percepción de Egipto como un destino seguro y accesible ha favorecido la recuperación de flujos turísticos tras periodos de volatilidad en la región.
El impacto económico de este auge turístico va más allá de las cifras de llegada. Ambos países han visto cómo el turismo contribuye de manera significativa a la generación de empleo, al ingreso de divisas y al desarrollo de sectores conexos como la restauración, la artesanía, el transporte y los servicios culturales. En Marruecos, por ejemplo, este rubro representa una porción relevante del producto interno bruto y se proyecta como un motor clave para el crecimiento económico sostenido. Por su parte, Egipto continúa trabajando para consolidar el turismo como uno de los pilares de su economía, con metas ambiciosas de expansión a mediano plazo.
La tendencia al alza de 2025 para Marruecos y Egipto no solo reinterpreta el mapa del turismo en África, sino que también proyecta un futuro prometedor para el continente en su conjunto. La diversificación de productos, la mejora de la conectividad y el valor añadido de experiencias culturales e históricas hacen de la región un punto de referencia para viajeros globales, marcando un antes y un después en la manera en que África es percibida como destino turístico competitivo.
Los récords alcanzados por Marruecos y Egipto en 2025 subrayan la fuerza con la que la industria turística africana está recuperándose e innovando. Ambos países sirven como ejemplos de cómo la combinación de inversión estratégica, promoción inteligente y riqueza patrimonial puede traducirse en crecimiento tangible y sostenido del turismo internacional.