Durante el encuentro, ambas representantes intercambiaron criterios y propuestas en torno a una visión de gestión que apuesta por consolidar a México como una potencia turística de alcance global. En este marco, el turismo de fe ocupa un lugar prioritario como producto específico y estratégico, apoyado en la fortaleza de un patrimonio religioso de relevancia internacional. La Basílica de Guadalupe, considerada el mayor santuario del mundo hispanohablante en número de peregrinos anuales, se erige como uno de los principales símbolos de esta oferta, atrayendo cada año a millones de fieles y visitantes procedentes de distintos continentes.
La adhesión de México como país miembro se suma a la participación de otras naciones e instituciones de la región que ya forman parte activa de la Red, como el Instituto Guatemalteco de Turismo, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo de Perú y PromPerú. Esta articulación regional refuerza un espacio de cooperación internacional orientado a visibilizar el turismo religioso no solo como una experiencia espiritual, sino también como una herramienta de desarrollo sostenible, cohesión social y fortalecimiento de las identidades locales.
Uno de los elementos que distingue a México dentro de la Red Mundial de Turismo Religioso es su amplio nivel de implicación territorial. El país cuenta actualmente con el mayor número de ciudades adheridas que trabajan de manera activa con la Red en el diseño e implementación de políticas orientadas a incrementar y gestionar de forma sostenible los flujos de peregrinos. Entre estos destinos se encuentran San Luis Potosí, Querétaro, Guanajuato, Zapopan y la Ciudad de México, todos ellos con un patrimonio religioso, histórico y cultural de alto valor y con una clara vocación por estructurar productos turísticos vinculados a la fe.
Este liderazgo territorial permite a México avanzar hacia un modelo de turismo religioso más estructurado, profesionalizado y alineado con las tendencias internacionales, en el que se integran la conservación del patrimonio, la mejora de la experiencia del peregrino, la participación de las comunidades locales y la generación de beneficios económicos distribuidos de forma equilibrada. Asimismo, la pertenencia a la Red facilita el acceso a espacios de intercambio de buenas prácticas, programas de cooperación técnica y acciones conjuntas de promoción internacional.
Con su incorporación como país miembro, México reafirma su compromiso con un turismo que trasciende la dimensión tradicional del viaje y se orienta hacia experiencias con significado, identidad y profundo arraigo cultural. Este paso consolida al país como un actor clave dentro de la Red Mundial de Turismo Religioso y abre una nueva etapa de colaboración internacional, innovación en productos turísticos y fortalecimiento institucional, en coherencia con una visión de largo plazo que posiciona al turismo de fe como uno de los grandes ejes de su proyección global.