Las alarmas se encendieron tras la publicación de informes que mostraban colas de hasta tres horas en aeropuertos como Madrid-Barajas o Roma-Fiumicino, pese a que solo un porcentaje reducido de pasajeros está siendo actualmente registrado con el nuevo sistema. Estas esperas ya superan notablemente los tiempos previos a la pandemia, generando frustración entre viajeros y preocupaciones en el sector sobre el impacto que esto tendrá si se intensifica durante los meses de mayor afluencia turística.
Organizaciones del sector como Airports Council International (ACI Europe) y la asociación británica ABTA han enviado cartas a la Comisión Europea solicitando que se permita a las autoridades fronterizas relajar o incluso suspender temporalmente los requisitos del EES en momentos de alta congestión. Argumentan que el sistema no está preparado para procesar eficazmente el gran volumen de viajeros que se espera este verano, y que sin una intervención coordinada, las esperas podrían extenderse hasta cinco horas o más, provocando retrasos de vuelos, conexiones perdidas, enormes colas y una experiencia frustrante para millones de turistas internacionales.
Esta situación no se limita a un solo país. Aeropuertos en España, Francia, Italia y Austria han registrado incrementos significativos en los tiempos de procesamiento en los puntos de control fronterizo desde que se comenzó a usar la tecnología biométrica, lo que motiva que diversos Estados miembros pidan flexibilidad en la aplicación del sistema para evitar que el problema se agrave con la llegada del verano europeo.
En respuesta a estas preocupaciones, la Comisión Europea ha confirmado que los países miembros pueden aplicar ciertas cláusulas de flexibilidad en la implementación del EES, permitiendo, por ejemplo, el uso de sellos manuales u otras medidas temporales si la infraestructura y el personal no pueden gestionar el volumen de viajeros sin generar congestiones severas. La idea es que esa flexibilidad pueda mitigar los peores efectos de las esperas durante los meses de junio, julio y agosto, cuando el turismo internacional tiende a alcanzar sus niveles más altos.
No obstante, la necesidad de estas medidas de contingencia resalta una tensión entre los objetivos de modernización de la UE y la realidad operativa de los aeropuertos y servicios fronterizos. Mientras que la normativa busca fortalecer la seguridad y la gestión de fronteras, las condiciones actuales en varios aeródromos europeos demuestran que la infraestructura y el entrenamiento del personal aún no están completamente preparados para asumir la carga de una biometría obligatoria y universal sin consecuencias para la experiencia del pasajero.
Las repercusiones previstas no se limitan a los turistas de ocio. También las empresas que dependen de la movilidad eficiente de su personal internacional han comenzado a ajustar sus estrategias logísticas para el verano, incluyendo la reprogramación de conexiones y el incremento de tiempos de escala para evitar contratiempos en viajes de negocio.
Frente a este escenario, expertos en viajes recomiendan que el público que planea visitar Europa este año esté al tanto de estos cambios, consulte con anticipación los requisitos de entrada biométrica y considere llegar con mayor margen de tiempo a los aeropuertos. A la vez, el sector turístico continúa presionando para que las autoridades comunitarias gestionen de manera más pragmática la transición al nuevo sistema, con el fin de proteger no solo la seguridad fronteriza sino también la competitividad del turismo europeo en un momento clave de recuperación postpandemia.