Este déficit afecta a los principales aeropuertos del país, entre ellos el Aeropuerto Internacional José Martí en La Habana, el Juan Gualberto Gómez en Varadero, el Abel Santamaría en Santa Clara, el Jardines del Rey en Cayo Coco y otros hub regionales como Holguín y Santiago de Cuba. En todos ellos figura en el aviso oficial la frase codificada “JET A1 FUEL NOT AVBL” (combustible Jet A-1 no disponible), un indicativo claro de que las aerolíneas no podrán repostar en territorio cubano durante al menos un mes.
Las repercusiones de esta decisión comienzan a sentirse con fuerza en el sector aéreo internacional. Varias compañías con operaciones frecuentes en la isla han anunciado ajustes, cancelaciones o modificaciones de itinerarios. Por ejemplo, Air Canada suspendió sus vuelos a Cuba y planifica operar vuelos “ferry” —sin pasajeros— para repatriar a unos 3.000 clientes varados en la isla, en un intento por mitigar el impacto sobre sus operaciones y garantizar la seguridad de los viajeros. Esto se ha sumado a cancelaciones similares de otras aerolíneas canadienses como WestJet y Air Transat, que han citado la falta de combustible como causa principal de sus decisiones.
Otras grandes aerolíneas europeas y norteamericanas están evaluando sus respuestas a la crisis. Algunas, como Iberia, han adoptado medidas de flexibilidad para sus pasajeros, ofreciendo reembolsos o cambios de billete, mientras que otras están considerando la posibilidad de realizar paradas técnicas en países cercanos como República Dominicana o México para repostar antes de completar sus rutas hacia o desde la isla.
Expertos en transporte aéreo señalan que estas alteraciones no solo afectarán a los itinerarios y frecuencias, sino que podrían tener un impacto acumulativo sobre la conectividad de Cuba con el resto del mundo. La prolongada indisponibilidad de combustible podría inducir a las aerolíneas a limitar su presencia en rutas cubanas, repercutiendo directamente en el turismo —uno de los pilares de la economía insular— y ralentizando la recuperación que el sector venía experimentando tras los efectos de la pandemia.
La crisis energética cubana se ha extendido más allá de la aviación. El país ha informado del cierre temporal de hoteles, la reubicación de turistas en determinadas provincias, restricciones de energía en hospitales y oficinas públicas, y largas colas en estaciones de servicio para acceder a combustible para transporte terrestre. Estas medidas reflejan una situación interna profunda, que acentúa la presión sobre la población y la actividad económica.
En medio de estas tensiones, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel ha manifestado disposición a dialogar con Estados Unidos para explorar soluciones que alivien la crisis, aunque rechaza cualquier condición vinculada al cambio de su sistema político. A su vez, países como México han criticado las políticas de sanciones, calificándolas de injustas, y han enviado ayuda humanitaria al país, mientras que Rusia ha planteado posibles apoyos energéticos.
La advertencia oficial a las aerolíneas internacionales sobre la falta de combustible marca un punto de inflexión en la ya frágil situación de Cuba, con efectos que van mucho más allá del sector aéreo y que podrían redefinir durante semanas la movilidad, el turismo y la dinámica económica de la isla caribeña.