Pese a estas adversidades, el turismo en Cuba continúa funcionando y ofreciendo experiencias que muchos viajeros describen como auténticas e inolvidables. La hospitalidad de la población cubana se destaca como un rasgo distintivo, capaz de competir con los desafíos cotidianos que enfrentan tanto residentes como turistas. La música que vibra en las calles, la arquitectura colorida de ciudades como La Habana, Trinidad y Santiago de Cuba, las playas de arenas blancas y aguas cristalinas de lugares como Guardalavaca y Cayo Bariay, y la calidez de la vida cotidiana cubana, contribuyen a crear una atmósfera única que sigue seduciendo a quienes buscan vivencias diferentes más allá de los circuitos turísticos convencionales.
La seguridad es otro elemento que refuerza el atractivo de la isla como destino, ya que, a pesar de las condiciones de vida que enfrentan los ciudadanos, los niveles de violencia permanecen bajos en comparación con otros destinos de la región. Esto, sumado al valor añadido de experiencias culturales profundamente arraigadas —como festivales culturales, arte popular y tradiciones locales— y la posibilidad de observar autos clásicos circulando por avenidas históricas, aporta un componente de autenticidad que para muchos viajeros resulta irreemplazable.
Sin embargo, los retos estructurales que afronta el sector no pueden pasarse por alto. La dependencia de combustibles importados para sostener el sistema eléctrico y de transporte convierte al turismo en un termómetro de la situación económica general de la nación. Apagones más prolongados y recurrentes, junto con la escasez de combustible, han tensionado la capacidad de hoteles, servicios y atención al visitante, lo que en algunos casos ha generado insatisfacción entre turistas y operadores internacionales. Esta realidad exige respuestas estratégicas que permitan mitigar los impactos negativos sobre la competitividad del destino en un contexto cada vez más competitivo en el Caribe.
A nivel de cifras, diversos análisis señalan que Cuba ha visto caer sus cifras de visitantes en los últimos años, en contraste con la recuperación generalizada del turismo global tras la pandemia. Países vecinos de la región han experimentado incrementos significativos en llegadas internacionales, mientras que la economía insular lucha por volver a sus mejores niveles. Esta tendencia plantea la necesidad de diversificar mercados emisores, fortalecer la conectividad aérea y mejorar la infraestructura y servicios turísticos para atraer nuevamente flujos de viajeros internacionales de manera sostenida.
Además del reto económico, la gestión del sector turístico se ve influida por factores geopolíticos y macroeconómicos más amplios. El mantenimiento de restricciones comerciales y la presión de sanciones han afectado la operativa empresarial en la isla, incluyendo la provisión de insumos, la inversión extranjera y la expansión de servicios de alto estándar. En este contexto, iniciativas orientadas a abrir nuevos mercados y fomentar alianzas estratégicas con emisores de turistas tradicionales y emergentes son aspectos a considerar para revitalizar el sector en el mediano y largo plazo.
Cuba se presenta como un destino donde la calidez humana, la riqueza cultural y los paisajes naturales compiten con serias limitaciones económicas y estructurales. La isla sigue ofreciendo experiencias singulares y emotivas para los viajeros dispuestos a explorar más allá de lo convencional, al tiempo que su industria turística busca estrategias que le permitan adaptarse, reinventarse y recuperar su vitalidad en un entorno global cada vez más desafiante.