La oferta enoturística se caracteriza por una amplia variedad de experiencias, aunque las visitas guiadas y las degustaciones siguen siendo el núcleo principal. A estas se suman actividades culturales, recorridos por viñedos, eventos y, en un número creciente de casos, servicios de restauración y alojamiento. Italia destaca especialmente por la valorización del viñedo y de los espacios de producción, integrando el paisaje en la experiencia turística de forma más intensa que en otros países. Esta conexión entre territorio, producto y relato refuerza la identidad local y amplía el atractivo de las zonas rurales.
Desde el punto de vista económico, el enoturismo demuestra una solidez notable. Para una parte relevante de las bodegas, esta actividad representa una proporción significativa de los beneficios totales, y ninguna de las empresas analizadas declara pérdidas vinculadas a este segmento. El informe subraya que las bodegas que invierten de manera más decidida en hospitalidad, digitalización y sostenibilidad obtienen mejores resultados en términos de crecimiento de ingresos y productividad, lo que confirma la relación directa entre inversión estratégica y desempeño empresarial.
La mayoría de las bodegas enoturísticas italianas son pequeñas o medianas empresas, con equipos reducidos y un fuerte componente estacional en el empleo. A pesar de ello, muestran una elevada propensión a invertir. En los últimos años, una amplia mayoría ha destinado recursos tanto a mejorar sus instalaciones productivas como a reforzar la calidad de la experiencia ofrecida a los visitantes. Se observa una transición progresiva desde inversiones centradas exclusivamente en la producción hacia otras orientadas a la innovación tecnológica, la sostenibilidad ambiental, la accesibilidad y la inclusión.
En cuanto al perfil de la demanda, predominan claramente los visitantes nacionales, mientras que la cuota de turistas extranjeros es todavía limitada en comparación con otros destinos enoturísticos internacionales. Esto señala un margen de crecimiento importante en materia de internacionalización y promoción exterior. También se detecta una marcada estacionalidad, con mayor concentración de visitas en primavera y verano, lo que plantea el reto de diseñar propuestas capaces de atraer flujos durante todo el año.
La digitalización constituye otro ámbito clave de mejora. Aunque casi todas las bodegas disponen de presencia web, todavía son minoría las que permiten la reserva directa en línea o aprovechan plenamente las plataformas digitales de comercialización. Las empresas de mayor tamaño muestran un grado más alto de madurez digital, lo que sugiere que la formación y el apoyo a las pequeñas bodegas pueden resultar determinantes para aumentar su competitividad.
El informe también pone de relieve la fragmentación de la gobernanza territorial del enoturismo, con múltiples actores implicados pero con niveles de coordinación variables. Muchas bodegas se muestran dispuestas a participar en estructuras público-privadas de promoción conjunta, aunque con aportaciones económicas moderadas. Esto evidencia una voluntad de colaboración que podría potenciarse mediante modelos de gestión más integrados y estrategias compartidas entre turismo, agricultura y desarrollo local.
De cara a los próximos años, el sector afronta una fase de crecimiento selectivo y cualitativo. Las empresas prevén seguir invirtiendo, pero son conscientes de desafíos como la presión normativa, la escasez de personal cualificado y la necesidad de acelerar la digitalización. En este escenario, el enoturismo se consolida como una palanca estratégica capaz de generar valor económico, fortalecer la cohesión territorial y proyectar internacionalmente la cultura vitivinícola italiana.
Autora: Roberta Garibaldi
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