Europa se mantiene como el epicentro de la recepción global de turistas. En 2025, el continente europeo recibió 793 millones de visitantes internacionales, lo que supone un crecimiento interanual del 4 % y un 6 % por encima de los niveles previos a la pandemia. Francia y España, situados entre los destinos más populares del planeta, acumulan conjuntamente cerca de 200 millones de turistas al año, superando cualquier otro eje turístico global. El dinamismo europeo no solo se explica por la gran afluencia de visitantes, sino por la diversificación de su oferta, que combina patrimonio histórico, cultura, gastronomía, naturaleza y experiencias urbanas, extendiendo las temporadas de viaje y atrayendo a distintos perfiles de viajeros.
Mientras Europa representa estabilidad y volumen, otras regiones del mundo están marcando tendencias de aceleración en la actividad turística. Asia y el Pacífico cerraron el año con 331 millones de llegadas internacionales, tendencia ascendente aunque todavía un 9 % por debajo de los niveles de 2019, impulsada por la reapertura de mercados clave como Japón y los países del sudeste asiático, y por la normalización de los vuelos de largo radio.
África ha experimentado uno de los crecimientos más dinámicos en 2025, con 81 millones de turistas internacionales, un 8 % más que en 2024. El norte del continente lidera este avance, y países como Marruecos destacan por estrategias turísticas sostenidas que están transformando su posición en el mapa global, con un crecimiento tan acelerado que en apenas dos décadas han triplicado su flujo de visitantes. Este auge africano está reconfigurando parcialmente el equilibrio del turismo mediterráneo y contribuye a una mayor pluralidad de destinos competitivos en el escenario internacional.
Otra región que sobresale es Oriente Medio, que alcanzó los 100 millones de llegadas en 2025, un aumento del 3 % interanual y un salto del 39 % frente a las cifras de 2019. Países como Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudí han puesto el turismo en el centro de sus políticas económicas, invirtiendo en conectividad aérea, eventos internacionales, cultura y hospitalidad de alto nivel, lo que ha impulsado de forma notable su atractivo como destino global.
Por el contrario, las Américas muestran un crecimiento más moderado. Con 218 millones de visitantes internacionales, la región aumentó sus cifras apenas un 1 % en 2025. Tras un inicio de año con dinamismo, el ritmo se ralentizó en el segundo semestre, especialmente en Estados Unidos y Canadá, afectados por el encarecimiento de los viajes, la fortaleza del dólar frente a otras divisas y la creciente competencia internacional. Aun así, subregiones como Sudamérica y Centroamérica presentaron ritmos de crecimiento más favorables, compensando parcialmente la menor dinámica del Caribe.
Uno de los rasgos más relevantes de este nuevo ciclo es que el crecimiento del turismo ya no se sostiene únicamente en el volumen de viajeros, sino también en la calidad y el valor del gasto turístico. Destinos diversos como Marruecos, Japón, Egipto o Corea han registrado incrementos de ingresos superiores a los de llegadas, lo que indica una transición hacia modelos de mayor valor añadido en la actividad turística.
De cara a 2026, las proyecciones de ONU Turismo anticipan un crecimiento adicional del sector de entre el 3 % y el 4 %, condicionado por la evolución económica mundial y por factores geopolíticos. Grandes eventos internacionales, como los Juegos Olímpicos de Invierno en Milán-Cortina y la Copa Mundial de la FIFA, se espera que impulsen aún más los flujos turísticos y contribuyan a consolidar este renovado mapa del turismo global.