Las restricciones no sólo han afectado la percepción de accesibilidad, sino que, según expertos, han contribuido a una percepción internacional menos acogedora del destino. La combinación de controles fronterizos más rigurosos, revisiones de dispositivos personales de visitantes y una cobertura mediática centrada en políticas migratorias ha sembrado dudas en el imaginario colectivo de quienes planean vacaciones o viajes de negocios hacia Estados Unidos. Estos elementos, sumados a tarifas elevadas y nuevos cargos adicionales para visitantes extranjeros, han generado una idea entre muchos viajeros de que existen destinos alternativos más fáciles, económicos y amistosos para vacacionar.
Sin embargo, este debilitamiento en el flujo de turistas internacionales no ha ocurrido sin un fenómeno compensatorio: el turismo interno en Estados Unidos ha mostrado una vitalidad significativa. Los estadounidenses están optando por explorar su propio país, impulsados por la búsqueda de experiencias familiares, viajes de carretera y destinos de naturaleza y actividades al aire libre. Estados como Tennessee, las Carolinas y varios enclaves del oeste y sur han observado un incremento en la afluencia de visitantes nacionales, lo que ha contribuido a amortiguar el impacto económico para algunos segmentos de la industria turística. Este auge de la demanda local ha sido reforzado por aerolíneas de bajo costo que ofrecen tarifas competitivas en rutas domésticas y por campañas de promoción dirigidas a viajeros que prefieren permanecer dentro del país.
Pese a que el turismo interno aporta dinamismo y representa una herramienta de resiliencia, su crecimiento por sí solo no es suficiente para equilibrar la caída de visitantes internacionales, especialmente considerando que la afluencia extranjera suele estar asociada con un gasto promedio mayor por turista en alojamiento, entretenimiento, gastronomía y transporte. La ausencia de un volumen sólido de visitantes internacionales se traduce en menor rendimiento para hoteles en ciudades turísticas globales, menor ocupación en atracciones emblemáticas y una reducción general en los ingresos derivados del gasto turístico que históricamente ha impulsado economías locales de destino.
La industria enfrenta, además, retos de percepción que van más allá de las cifras. Las experiencias de visitantes previos, compartidas en redes sociales y plataformas de reseñas, influyen en la imagen del país como destino accesible y amable. Situaciones como largos tiempos de espera en procesos migratorios, experiencias complicadas en puntos de control y la percepción de políticas restrictivas han sido citadas por agencias y operadores como factores que, aunque no siempre reflejan la realidad cotidiana de todos los viajeros, sí impactan las decisiones de potenciales turistas.
Ante este panorama, líderes de la industria turística estadounidense consideran clave revisar y modernizar las políticas de entrada, agilizar la emisión de visas e implementar estrategias de comunicación que presenten al país como un destino competitivo en el escenario global. La expectativa gira en torno a eventos de gran envergadura programados para 2026, como la Copa Mundial de Fútbol, que podrían atraer nuevamente a millones de visitantes internacionales si las condiciones logísticas, promocionales y políticas favorecen la atracción de mercados emisores.
La caída del turismo internacional en Estados Unidos —una nación que tradicionalmente se ubicaba entre los destinos más visitados del mundo— plantea un desafío sin precedentes en la última década que exige acción coordinada entre los sectores público y privado para recuperar la confianza global y fortalecer tanto la conectividad internacional como la competitividad del país en la economía del turismo global.