Durante la jornada, representantes gubernamentales de numerosos países compartieron sus perspectivas sobre las políticas públicas necesarias para crear un entorno más atractivo para la inversión en turismo, señalando la necesidad de marcos regulatorios estables, incentivos fiscales bien diseñados y una coordinación eficiente entre las distintas administraciones. Los ministros presentes enfatizaron que la inversión turística no solo debe centrarse en infraestructuras tradicionales como hoteles y transporte, sino también en áreas emergentes como la digitalización de servicios, la sostenibilidad medioambiental y la creación de productos turísticos diferenciados capaces de captar segmentos de mercado de alto valor. Este enfoque integral responde a la creciente complejidad del ecosistema turístico global, donde la competitividad de los destinos se mide cada vez más por su capacidad de ofrecer experiencias únicas y sostenibles a los visitantes.
Los representantes del sector privado destacaron, por su parte, que las empresas tienen un papel crucial en la movilización de recursos financieros y en la implementación de soluciones tecnológicas que respondan a los desafíos actuales. Los empresarios recalcaron que la colaboración público-privada es indispensable para que los proyectos de inversión alcancen una escala que genere impacto real en términos de empleo, ingresos y posicionamiento competitivo. Asimismo, pusieron de relieve la importancia de mecanismos de financiación innovadores, como los fondos de capital privado enfocados en turismo sostenible y los instrumentos financieros ligados a criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), los cuales están ganando tracción entre los inversores institucionales globales y representan una oportunidad para ampliar el acceso a recursos financieros en el sector.
Un tema recurrente en los debates fue la sostenibilidad, entendido no solo como protección del medio ambiente, sino como un enfoque transversal que incorpora bienestar de las comunidades locales, diversificación de la oferta y resiliencia frente a shocks económicos y climáticos. En este sentido, los participantes coincidieron en que la inversión turística debe alinearse con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, promoviendo un crecimiento inclusivo que beneficie tanto a los grandes centros urbanos como a destinos emergentes y zonas rurales que buscan integrarse en las cadenas de valor del turismo global. Expertos destacaron que este cambio de paradigma requiere nuevas capacidades institucionales y una planificación estratégica de largo plazo, así como un uso más intensivo de datos y herramientas de inteligencia de mercado para anticipar tendencias y comportamientos del viajero.
Asimismo, los participantes subrayaron la necesidad de mejorar la conectividad, tanto física como digital, para facilitar la inversión y reducir las barreras de entrada para nuevos actores en el sector. Mejorar la conectividad aérea, optimizar la infraestructura de transporte terrestre y promover la interoperabilidad de sistemas digitales se presentan como elementos esenciales para que los destinos puedan competir eficazmente en un entorno globalizado. Esta conectividad ampliada también es vista como un factor que puede fomentar la creación de cadenas de valor más robustas, integrando a proveedores locales y pymes en proyectos de inversión a gran escala, generando así efectos multiplicadores en las economías receptoras.
Otro punto destacado por los asistentes fue la importancia de la innovación y el uso de nuevas tecnologías, incluidas la inteligencia artificial, el análisis de datos y las plataformas digitales que permiten personalizar la experiencia del viajero y optimizar la gestión de los destinos. La transformación digital se percibe como un habilitador clave para mejorar la eficiencia operativa, incrementar la competitividad y atraer inversiones que, a su vez, promuevan nuevos modelos de negocio en segmentos como el turismo experiencial, el turismo de salud o el turismo de naturaleza. Este énfasis en la innovación también responde a las expectativas de las nuevas generaciones de turistas, que demandan experiencias más personalizadas, sostenibles y conectadas.
Al concluir el encuentro, los participantes coincidieron en que la inversión turística es un catalizador esencial para la recuperación económica global y para la construcción de destinos más sólidos, resilientes e inclusivos. Los líderes, ministros y empresarios destacaron la importancia de mantener un diálogo continuo y de establecer alianzas estratégicas que trasciendan fronteras, reconociendo que los retos del sector, aunque complejos, pueden convertirse en oportunidades si se abordan de forma colaborativa y con visión de largo plazo. En un momento en que el turismo se enfrenta a cambios estructurales impulsados por factores económicos, tecnológicos y ambientales, la cooperación entre los sectores público y privado emerge como un factor decisivo para consolidar un crecimiento sostenible y de impacto duradero en las economías de todo el mundo.