En el corazón de esta inversión monumental están países como Alemania y España, que lideran la ejecución de proyectos de capital destinados a mejorar su propuesta turística global. Alemania tiene previsto invertir alrededor de 543.000 millones de dólares, consolidando su papel no solo como motor turístico europeo, sino también como un ejemplo de planificación estratégica alineada con la demanda futura. España, por su parte, destinará cerca de 349.000 millones de dólares, una cifra que crece a un ritmo 1,46 veces superior al del crecimiento de la demanda, lo que evidencia un compromiso por fortalecer no solo la infraestructura sino también la competitividad del sector en un contexto global cada vez más dinámico.
La presidenta y consejera delegada del WTTC, Gloria Guevara, destaca que el turismo está entrando en “una nueva década decisiva para la infraestructura y la competitividad”, y que los países que logren alinear la inversión con las futuras tendencias de la demanda “fortalecerán su resiliencia económica y asegurarán un crecimiento sostenible a largo plazo”. La colaboración entre gobiernos y el sector privado será, según el WTTC, esencial para que estos flujos de capital generen beneficios tangibles, tanto en términos económicos como de calidad de experiencia para los visitantes.
Pero este impulso inversor no solo responde a la necesidad de expansión, sino también a la recuperación y superación de retos estructurales que enfrentó la industria tras la pandemia de COVID-19. La rápida reactivación de la demanda —con incrementos de gasto turístico y tasas de ocupación sólidas en muchas regiones— ha puesto de manifiesto la importancia de contar con una oferta robusta y diversa. En este sentido, la inversión prevista permitirá modernizar aeropuertos, mejorar conectividad terrestre y aérea, ampliar capacidad hotelera, desarrollar productos turísticos diferenciados y, muy importante, incorporar criterios de sostenibilidad ambiental y social en toda la cadena de valor del sector.
La proyección del WTTC va más allá del simple volumen de capital. Para 2035, se espera que el turismo no solo genere un crecimiento económico significativo —con aportaciones cada vez mayores al PIB global—, sino que también actúe como un motor de empleo y desarrollo social en múltiples regiones del planeta. Según estimaciones complementarias de la organización, el sector del turismo podría respaldar una proporción considerable de empleos, consolidando su papel en la recuperación económica postpandemia y abriendo oportunidades para mercados emergentes.
Además de los desafíos de infraestructura, la inversión turística enfrenta el reto de responder con agilidad a tendencias cambiantes en el comportamiento de los viajeros, como la creciente demanda de experiencias personalizadas, la adopción masiva de tecnologías digitales y la preferencia por opciones sostenibles y responsables. Estos elementos están impulsando a los destinos a repensar sus estrategias, integrando digitalización, gestión inteligente de datos y prácticas que promueven la conservación del medio ambiente como parte integral de sus propuestas competitivas.
El panorama que se dibuja para la próxima década es el de un sector turístico más resiliente, conectado e innovador, con inversiones estratégicas que no solo apuntalan la recuperación económica, sino que también preparan a los destinos para competir eficazmente en un mercado global que valora cada vez más la experiencia, la sostenibilidad y la eficiencia. El reto ahora será transformar ese capital en resultados visibles que beneficien tanto a las comunidades locales como a los visitantes de todo el mundo.