El programa inició en las cercanías de Rijeka con una bienvenida oficial en la Kuća Halubajskega zvončara, un centro interpretativo reconocido por la UNESCO que fusiona tradición, tecnología y educación para preservar el legado de los campaneros del carnaval local. La jornada concluyó con una cena en el restaurante Stancija Kovačići, donde la cocina de proximidad y los productos de temporada sirvieron como carta de presentación de la identidad gastronómica de Kvarner, estrechamente vinculada a sus tradiciones.
La segunda jornada trasladó a los participantes a las islas del archipiélago de Kvarner, donde la conexión entre territorio, producto y comunidad se hizo especialmente evidente. Tras recorrer mercados locales en Rijeka, la delegación visitó la isla de Krk, donde el enoturismo y la valorización de variedades autóctonas como la uva Žlahtina ejemplificaron el potencial de la colaboración entre productores. Productos emblemáticos como el queso Magriž y el jamón curado al viento del Adriático ofrecieron una experiencia sensorial ligada al paisaje.
En la isla de Cres, la visita a la cooperativa agrícola permitió conocer iniciativas de producción sostenible de aceite de oliva, miel y quesos tradicionales. El recorrido continuó en el Palacio Moise, hoy convertido en centro cultural y educativo, donde se presentaron proyectos innovadores que integran educación, participación juvenil y preservación de oficios tradicionales. Talleres prácticos, como el dedicado al trabajo de la lana, evidenciaron cómo el conocimiento ancestral puede generar valor económico y cohesión social.
La jornada concluyó en Lošinj con una celebración que integró danza tradicional, gastronomía y simbolismo cultural. La ceremonia de ruptura del “krokant”, un dulce de almendra asociado a la prosperidad, reflejó el espíritu de comunidad que caracteriza a la región y su apuesta por integrar tradición y modernidad.
El tercer día puso el foco en la transferencia de conocimiento y la cooperación interregional. En el Museo de Apoxiomenos, los participantes exploraron la riqueza histórica de Lošinj a través de una escultura milenaria recuperada del mar Adriático, símbolo del cruce entre rutas comerciales, cultura y alimentación. Posteriormente, en el valle de Vinodol, bodegueros locales compartieron su experiencia en la producción de vinos que expresan el carácter del territorio, reforzando la narrativa de identidad regional.
Las actividades continuaron con espacios de encuentro entre actores públicos y privados, donde se destacó la importancia de la coordinación institucional para impulsar un turismo sostenible y una gestión responsable del patrimonio gastronómico. La combinación de tradición culinaria, música local y productos de cercanía consolidó una experiencia inmersiva para los asistentes.
La cuarta jornada abordó la diversidad territorial de Kvarner, desde la costa hasta las zonas montañosas de Gorski Kotar. En Crikvenica, iniciativas educativas como la “Ruta del pescado azul” demostraron cómo la innovación puede contribuir a la divulgación del patrimonio alimentario. Más tarde, en el castillo de Stara Sušica, el Centro de Agricultura y Desarrollo Rural presentó su labor de apoyo a pequeños productores, promoviendo la transformación sostenible de productos locales y fortaleciendo las economías rurales.
El recorrido culminó en Opatija, conocida como la “perla del Adriático”, donde se analizaron las conexiones entre gastronomía, bienestar y turismo. La presentación del Plan de Acción Gastronómico de Kvarner subrayó la necesidad de una visión estratégica que integre todos los niveles del sistema alimentario, desde la producción hasta la experiencia turística.
El encuentro finalizó con una sesión de conclusiones liderada por IGCAT, en la que se destacaron aprendizajes clave y se plantearon retos futuros, como la implicación de las nuevas generaciones en el sector primario. Asimismo, se anunciaron los próximos pasos de la red, incluyendo la siguiente reunión en Creta y el fortalecimiento de alianzas internacionales.
La 31ª reunión de la Plataforma reafirmó el valor de la cooperación global y el intercambio de buenas prácticas como herramientas fundamentales para construir sistemas alimentarios más resilientes. Kvarner demostró, a través de su diversidad paisajística, su riqueza cultural y su compromiso institucional, que la gastronomía puede ser un motor estratégico para el desarrollo sostenible, la cohesión social y el bienestar de las comunidades.