Las proyecciones apuntan a que las llegadas internacionales podrían reducirse entre un 11 % y un 27 % respecto a las previsiones previas al conflicto. Esto implicaría una pérdida potencial de entre 23 y 38 millones de visitantes en el conjunto de la región. Más allá del impacto directo en hoteles y aerolíneas, la contracción afecta a toda la cadena de valor turística. Restauración, comercio minorista, transporte terrestre, ocio y eventos dependen en gran medida del flujo constante de viajeros internacionales. La desaceleración amenaza con erosionar empleo, inversión extranjera y estabilidad económica en destinos altamente dependientes del turismo.
El cierre parcial de espacios aéreos y la reconfiguración de rutas internacionales han añadido presión adicional al sistema. Oriente Medio funciona como un nodo clave en la conectividad entre Europa, Asia y África. La interrupción de corredores estratégicos no solo afecta a los destinos locales, sino que repercute en los flujos globales de pasajeros. Miles de vuelos han sido cancelados o desviados, generando incertidumbre operativa y costes adicionales para aerolíneas y operadores turísticos. Este entorno recuerda, en términos de disrupción, a las fases más críticas de la pandemia, cuando la movilidad internacional quedó prácticamente paralizada.
En este contexto, las palabras de Gloria Guevara adquieren especial relevancia. La dirigente del World Travel & Tourism Council ha subrayado que el turismo ha demostrado históricamente una notable capacidad de resiliencia frente a crisis globales. Según ha señalado, el sector no solo genera crecimiento económico, sino que actúa como un puente de entendimiento y estabilidad entre naciones. Para Guevara, aunque el impacto inmediato es innegable, la experiencia acumulada tras crisis sanitarias, atentados y conflictos regionales demuestra que la demanda de viajes tiende a recuperarse cuando se restablecen condiciones mínimas de seguridad y confianza.
Su mensaje combina realismo y cautela estratégica. Reconoce que la incertidumbre geopolítica puede prolongar la debilidad de la demanda en el corto plazo, pero insiste en que la industria cuenta con herramientas de adaptación. Flexibilidad en políticas de cancelación, diversificación de mercados emisores y estrategias de comunicación transparentes serán determinantes para mitigar daños. Asimismo, destaca la importancia de la cooperación público-privada para sostener el empleo y evitar un deterioro estructural de las capacidades turísticas.
La evolución del conflicto será el factor decisivo para calibrar la profundidad del impacto económico. Si la escalada se contiene y los corredores aéreos se normalizan, la región podría experimentar una recuperación gradual en el segundo semestre del próximo año. Sin embargo, una prolongación del escenario bélico podría consolidar un cambio en los patrones de viaje, desviando flujos hacia destinos percibidos como más seguros en Europa, Asia-Pacífico o América.
El turismo en Oriente Medio se encuentra así en una encrucijada. Tras años de expansión sostenida y ambiciosos planes de diversificación económica, la región afronta uno de los mayores desafíos de su historia reciente. La magnitud de las pérdidas previstas es significativa, pero también lo es la capacidad de resiliencia demostrada en el pasado. El restablecimiento de la confianza internacional será el verdadero termómetro de la recuperación.