La entrega oficial de esta pieza fue realizada por el director para América de la RMTR, Adrián Lomello, quien destacó el alcance de esta acción como un puente espiritual entre continentes. Según explicó, la incorporación de la piedra no solo fortalece la identidad del Santuario de la Cruz del Picacho como espacio de fe, sino que también lo posiciona como un lugar de peregrinación con una conexión tangible a los territorios donde se desarrollaron episodios fundamentales del cristianismo. Esta dimensión simbólica añade un valor diferencial que puede atraer tanto a fieles como a visitantes interesados en experiencias espirituales auténticas.
El proyecto se enmarca dentro de una estrategia más amplia que busca consolidar a Tuluá como un referente regional en turismo religioso. La integración del municipio en la Red Mundial de Turismo Religioso permite articular esfuerzos institucionales, culturales y turísticos orientados a potenciar su visibilidad en circuitos internacionales. Esta colaboración facilita el desarrollo de iniciativas que combinan espiritualidad, patrimonio y dinamización económica, contribuyendo al crecimiento sostenible del territorio.
Desde el ámbito local, las autoridades han valorado esta acción como un hito dentro del proceso de fortalecimiento del santuario. El alcalde de Tuluá, Gustavo Adolfo Vélez Román, subrayó que la incorporación de la piedra representa un paso significativo en la consolidación del destino como punto de peregrinación. Asimismo, destacó que este tipo de iniciativas permiten reforzar la identidad cultural y espiritual de la ciudad, al tiempo que generan nuevas oportunidades para el desarrollo turístico y económico.
La historia de esta piedra refleja también un proceso de cooperación internacional dentro de la propia RMTR. Su obtención fue gestionada inicialmente por la exdirectora general Pilar Valdez, posteriormente recogida en Madrid por la directora para Europa, Edit Székely, y finalmente trasladada a Colombia gracias a las gestiones del coordinador nacional Wilder López Jiménez. Este recorrido evidencia el trabajo coordinado de distintos actores para materializar una iniciativa que hoy adquiere un significado colectivo para la comunidad tulueña.
El acto de entrega se llevó a cabo en las instalaciones de la Cámara de Comercio de Tuluá, en una ceremonia solemne que reunió a autoridades civiles, representantes eclesiásticos y miembros de la comunidad. Durante el evento, el obispo de la diócesis, monseñor Alexander Matiz Atencio, realizó la bendición de la piedra y expresó su reconocimiento a la iniciativa, destacando su importancia como símbolo de fe y unidad. La presencia de representantes institucionales, empresarios y ciudadanos puso de manifiesto el interés y la expectativa que este proyecto genera en distintos sectores.
Más allá del acto ceremonial, la incorporación de este elemento en el Santuario de la Cruz del Picacho abre nuevas perspectivas para el desarrollo del turismo religioso en la región. La posibilidad de contar con un símbolo directamente vinculado a Tierra Santa refuerza el atractivo del lugar y contribuye a su posicionamiento dentro de las rutas de peregrinación. Este tipo de iniciativas, además, favorece la creación de experiencias que integran espiritualidad, historia y cultura, aspectos cada vez más valorados por los viajeros contemporáneos.
Con esta acción, la Red Mundial de Turismo Religioso reafirma su compromiso con la promoción de destinos de fe en diferentes partes del mundo. Su labor se orienta a fortalecer el valor espiritual y patrimonial de estos espacios, al tiempo que impulsa su desarrollo turístico de manera responsable. En el caso de Tuluá, este proyecto representa un paso firme hacia la consolidación de una identidad que combina tradición religiosa, proyección internacional y oportunidades de crecimiento sostenible.